Marcos Pavón Estrada

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Cuban artist Marcos Pavón Estrada created all of his works by holding the paint brush in his mouth. He was born into a poor farming family in Holguín Province of Cuba and contracted polio when he was very young. The disease left him unable to use his hands and arms. His mother home schooled her eight children because the only school was too far away. She just wanted Marcos to be able to read, but he convinced her that he could write and began by copying the vowels, holding the pencil in his mouth. Inspired by his mother’s drawings and paintings which provided the only decorations in their poor house, Marcos asked for colored pencils and began to draw, and as his brothers went out to play, Marcos stayed on the porch and drew and thought about the folk legends his grandfather told him.
(Read the rest of the bio at the bottom of the page)

All these paintings are available.

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“Amor Proletario” 37×28 O/C (1980)

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“La Gritona de los Niños Muertos” 35×24 O/C (1988)

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“Pareja Unida” 39×29 O/C (1988)

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“Vietnam” 38×27 O/C (1972)

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“Reunión de Brujas” 35×23 O/C (1985

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“La Bruja” 34×24 O/C (1988)

(cont.)
Due to the crippling effects of polio, Pavón was admitted for treatment at the Frank País Hospital in Havana which had a special school with a painting and sculpture teacher. When he returned to Holguín, he entered the Fine Art School and graduated in 1969. Later, he became a member of the Association of Mouth and Foot Painting Artists headquartered in Lichtenstein. He painted at home in a room overlooking the street using an easel of his own design that moved up and down.
Pavón, fascinated as a child by his grandfather’s stories, created pictures of the witches, elves and gremlins that lurked the countryside of his childhood. He wanted to rescue the old treasure trove of rural mythology; the stories told by the old folk, the ones that were being forgotten as time went by.
Pavón said that getting started was always the most difficult part of each painting; the empty, white canvas always presented a challenge. When the first brushstrokes went on, the excitement began. He always started with a sketch and then applied the oils directly to it. Pavón drew straight lines with a thin, flat brush turned sideways in his mouth. He gave his figures a touch of shadow, let the paint dry and then put on the colors.
Pavón liked strong colors; the stronger the color, the more pure the message, and he used contrasting colors to make his figures stronger along with strong brushstrokes to convey emotion. His witches frequently have purple dresses because purple is the macabre color of the occult.
His painting La gritona des los niños muertos (The Woman Screaming for Her Dead Children) is impressive for its vivid brushstrokes which portray the agony of the ghostly mother wandering with her dead, unbaptized children in her arms. She is begging for someone to administer the sacrament to her babies. Her face, exploding with pain and rage, is drawn with strong, expressionist lines that seem torn into the canvas. There is a vivid, chromatic contrast between the central figure painted in yellow and the twisted tree, just as strong as the woman, painted in grey-blue, creating a strong and balanced composition. The background of mountains and stylized palm trees make it clear that this tragic scene is taking place in the Cuban countryside.
In another of Pavón’s paintings Amor proletario (Proletarian Love), a factory setting provides the background for a pair of lovers tenderly embracing in front of chimneys belching smoke. The pure, vivid colors accentuate the look of love frozen on the couple’s faces. We are left to wonder if their happiness is caused by the lifestyle provided by the factory or in spite of it.
Pavón deviates from Cuban themes in his painting titled Por Vietnam (For Vietnam) which he created during the Vietnamese war. He described it as a completely contemporary painting. Set against an abstract background, there is a bomb falling and a boy hiding in a sort of shelter. The bomb is tear-shaped representing grief for the suffering children. Perhaps this is also a comment on Pavón’s own painful childhood. The boy, who does not appear afraid, is just waiting for the future because Estrada believed that children have a right to the future no matter what the circumstance.
Pavón was a courageous man who has left behind a collection of paintings that touch upon the eternal themes of life: pain and work, love and legend.

Marcos Pavón Estrada – Entrevista
Siempre pongo por delante la esperanza
Por Reinaldo Cedeño Pineda
Sumario:
La voluntad infinita de un ser humano. Una obra que vale por si misma. Historias de la mitología campesina cubana. ”Pinto mi imaginación.” Un artista que pertenece a la Asociación Internacional de Pintores Con La Boca y El Pie.
—A ti sólo te voy a enseñar a leer, porque tú no puedes escribir, Marcos… mi Marcos. Un mar batía olas dentro, y la madre dejó los ojos en las montañas, como rocío.
—No, yo si puedo, mamá… póngame el lápiz en la boca.
Y Ramona Estrada copió las cinco vocales en aquel cuaderno. El niño se inclinó, apretó con labios y dientes, y escribió debajo. Despacio, lento el trazo y aparecieron: a, e, i…
La escuela quedaba lejos, más allá del brazo extendido, detrás de la montaña, y los hijos eran ¡ocho! Ramona decidió entonces que ella misma sería su maestra, de los propios y los ajenos, en aquel paraje entre Perronales y Aguas Claras, actual territorio holguinero. La reina era la naturaleza, el caballo su mensajero; su espejo, el río.
Pero no sólo era la letra, no. “Mi mamá, dibujaba muy bonito. Ella hacía florecitas, casitas, todo ‘naïf’, y las ponía en las paredes, en la mesa, y yo le prestaba muchísima atención. Encárgueme lápices de colores, mamá y una libreta blanca… que voy a pintar.”
El asombro no cabía. Mientras los hermanos crecían, andando por esos montes, él se quedaba en el portal, esperando. Escuchaba la radio, o el canto del sinsonte queriendo ser gavilán. Y el verde, verde a trazos, verde inmenso.
La pobreza era visita permanente en el hogar, cobijado con hojas de palma real. Nuestro entrevistado intenta definirlo con una frase:
“allí se hablaba de yuca y ñame”; pero aquel paraje rural era rico en historias, por eso aunque pareciera predestinado para hacer paisajes, este hombre confiesa que no copia lo visto, sino que “…lo que más me gusta es pintar mi imaginación.”
DE BRUJAS Y DUENDES
Después que el abuelo comía, reclinaba el taburete y se recostaba a la pared de yagua. Cuando la noche iba desdibujando poco a poco cada rama, hasta tragárselas, entonces ponía el rústico asiento debajo del brazo, entraba a la casa y decía: “ya andan las putas esas jodiendo por ahí. Y las “putas”… eran las brujas, que él decía sentir volando sobre el río o cruzando la loma, o hasta en el caballete de la casa.
Un día en que el pintor parecía agotar sus imágenes, el abuelo le trajo con mano generosa, desde el recuerdo, todo ese cosmos de la imaginería campesina cubana, con todos sus personajes, pícaros y diablillos.
“Si los escritores famosos escriben del lugar donde nacieron, yo voy a pintar del lugar donde nací, aunque sólo haya duendes, jigües y brujas. Empecé a pintarlos en 1985.
“Quise rescatar todo ese acervo, y por eso hago la serie sobre mitología campesina. En el campo, a las gentes mayores le gustaba conversar sobre esto, pero ya eso se ha ido perdiendo. Lo pinto para que no se pierda, para que quede constancia”.
Marcos Pavón sabe entenderse perfectamente con estos seres. A las brujas las dotó de amplios vestidos violetas, “porque para mí es un color macabro”, y los jigües: inofensivos, negritos y desnudos, bañan a los niños en lagunas y charcos. “¿No te das cuenta que alguna vez, todos han formado parte de la historia de la gente?”.
Sobrecoge, por citar un ejemplo, el trazo vivo, el grito sostenido de La bruja de los niños muertos. La obra cuenta la leyenda de una mujer a la que se le murieron los hijos sin bautizar, después ella también muere y sale su fantasma, pidiendo en misericordia que le bautizaran sus hijos.
“Dicen que cuando una bruja se tira a recoger los granitos de mostaza, las puede sorprender el día, y eso lo he pintado; pero… todas las brujas no han debido de ser feas ni malas, también las he bajado de la escoba y las he puesto a barrer los patios. Y las he puesto con flores, porque dicen que las flores más lindas las trajeron las brujas desde las Islas Canarias. También hay belleza en su movimiento, y según el contexto en que uno la pinte.”
Cuando quiso poner en un cuadro de brujas a su primo Paco, este le miró incrédulo, ¿pero, qué voy a hacer yo en un cuadro de brujas? El artista acudió a su reservorio inagotable y se dio cuanto del aprieto, hasta que decidió hacer su propia fábula:
“Le puse una botella de ron en una mesita, mi primo mirando hacia el reloj que marca las 12 de la noche. Y he dicho, que cuando uno se embriaga y pasan las doce de la noche, puede ver brujas y duendes que bailan, ¡no digo yo!
“Ahora mismo que estoy hablando contigo, ya me están surgiendo ideas… ya tengo ganas de pintar mis brujas”
SI CAE EL PINCEL… YO SIGO
La pintura intuitiva, espontánea y sencilla, fue enriqueciendo su grosor artístico, al fundirse talento natural, voluntad infinita y la enseñanza del arte que aprendió en circunstancias muy especiales.
“En el año 63. Ingresé en el Hospital Frank País de La Habana y había una escuela diferenciada, había una profesora de pintura y escultura, Norah Lamboley, y fue la primera vez que me enseñaron en las artes plásticas.
“Fue muy libre todo, ella tenía que atender a muchos muchachos. Yo estaba siempre en el aula, y cuando ella se iba, me dejaba la llave y… era mi estudio.
Ahí pintaba y hacía cosas, que luego ella me criticaba y me ayudaba a corregir. También descubrí el toque del dibujo en blanco y negro”.
Un aditamento especial para trabajar con la boca, le permitió aprender el pirograbado… pero no bastaba para Marcos. Al volver del centro asistencial a su Holguín, ingresó en la Escuela de Arte y en 1969 se gradúa, lo que le permite desde 1970 hasta la fecha, trabajar en la Casa de la Cultura “Manuel Dositeo Aguilera”.
–Pintar siempre es un reto; pero a usted debe haberle resultado doble…
“Empezar es muy difícil. Delante del lienzo en blanco, no hay de donde agarrarse. Logras madurar la idea, tienes que buscar la composición, y el resto, es trabajar. Después de los primeros trazos, ya va surgiendo la figura, te vas emocionando y cogiendo un gran cariño por lo que vas haciendo… luego, a poner los colores.
“Comienzo por el dibujo, pero pinto directo con óleo. Cuando tengo la figura esbozada, le doy un toque de sombra, dejo que se seque y empiezo con los colores. Si estoy haciendo una línea con un pincel plano, y una parte más fina, lo viro de canto, en la boca… Y me canso mucho, ya estoy viejo”.
–Sinceramente, parece poco menos que increíble lo que hemos visto que usted hace, ¡ y lograrlo con el pincel en la boca!…
“… Me ha pasado que hay personas que no lo creen, y tengo que hacer demostraciones públicas. Es lo más difícil, me pongo nervioso. Recuerdo que en una de esas actividades, se tiró un niño por debajo de mi silla de ruedas, y me salió por debajo. En muchos lugares, la gente se ha aglomerado para verme pintar.
“Pinto en mi propia casa, en un cuarto que da a la calle, pero tengo capacidad para abstraerme, y no utilizo modelos. Mi caballete sube y baja, una facilidad creada para mí
“Pertenezco a una Asociación Internacional de pintores con la boca y los pies que radica en Liechtenstein. Sugieren que pinte paisajes, flores… que no es lo que me gusta, pero comprendo que lo hacen para hacer postales decorativas y poder retribuirnos”.
–¿No se ha sentido frustrado cuando el pincel se le ha escapado de la boca?
“Ha pasado, se me caído, pero entonces llamo a mi esposa Alba, o a alguien para que me lo recoja; pero no me detengo por eso, yo sigo. Antes mi madre, y ahora Alba y el pintor y amigo Argelio Cobeilla, me ayudan en la preparación de la pintura y los marcos”.
–¿Colores?
“Me gustan los colores fuertes. Los colores llevan un mensaje y mientras más puro, más llega el mensaje; el amarillo me gusta por la luz del sol, me encantan los amarillos. En general me gustan los colores contrapuestos, se logra dar más fuerza a las figuras. La abstracción me parece que no dice nada, y la pintura debe decir algo
“Hay días en que pinto demasiado, y otros en que no pinto nada. Llevo al lienzo la batalla de los hombres, por su fuerza y movimiento, y de ahí la serie sobre Historia de Cuba. Hasta hice una virgen María, pero a mi manera”
–¿Ha asumido usted alguna influencia técnica, espiritual, o se identifica particularmente con algún pintor?
“Admiro la línea de Wifredo Lam, picuda y con ángulos. También a Amelia Peláez y Víctor Manuel. Me siento por encima de muchos, pero también por debajo de muchos. En Holguín, en Oriente, no es tan fácil darse a conocer, aunque yo he ido a todos sus municipios. En La Habana están los medios, y cualquier ‘pintorcillo’, puede ser conocido”.
–Hemos visto en un documental sobre su vida, que una muchacha le pide que la pinte, pero que lo haga… por dentro. ¿Cómo se logra esto?
“Bueno, conociendo a la persona uno puede hacerlo, uno puede pintar y así lo hice. El pájaro azul es la libertad, que ella creía tener, el seno es su sensualidad y el violín que se convierte en su cuerpo, su afición por la música”.
–Marcos, una pintura salida de su pincel, ha tocado un drama como el de la guerra de Vietnam, que ha marcado toda la historia contemporánea. ¿Cuál es la génesis de la obra?
“… Bueno, es una pintura completamente simbólica. En un fondo abstracto, se ve una bomba cayendo y un niño que se esconde como en un refugio: es todo. Hay como una lágrima invertida. Lo hice cuando la propia guerra de Vietnam, y pensé en los niños, que son los más sufridos”.
–Pero, el niño no tiene expresión de miedo alguno, como pudiera esperarse…
“No, no tiene miedo, sólo está esperando. Los niños tienen derecho al futuro bajo cualquier circunstancia”.
–¿Siguió en esa línea?
“Algunos me dijeron que continuara pintando ese tema, y ese estilo, pero yo les contesté, que prefiero no tener ataduras, y pintar cada día lo que me surge aquí adentro”.
–Ya que hablamos de un tema tan sensible para los Estados Unidos, donde hay algunas de sus obras ¿alguna consideración sobre las relaciones culturales entre la Isla y la nación norteamericana?
“Siempre he pensado que cualquier discriminación cultural o humana, es una aberración y que el arte no conoce fronteras”.
Marcos Pavón Estrada nació el 30 de junio de 1938, y cuando hoy sobrepasa el sexenio de vida, ya suma un importante número de exposiciones, en su provincia, en Cuba y el exterior (Venezuela). La poliomielitis le dejó sus manos inutilizadas, temblorosas, colgantes… Con esfuerzo supremo, lleva un cigarro a su boca, poniéndolo entre los dedos; pero la mente y la voluntad las conserva intactas.
En nuestra conversación, la corola de sus recuerdos se ha desbordado, varias veces en lágrimas. La nostalgia está agazapada en sus ojos, como los jigües.
Quedaría especular si Marcos hubiese sido pintor sin su silla de ruedas. Hasta él mismo cuando se ha hecho la interrogante… y se ha respondido que sí, que hubiera sido pintor de todas todas. Lo cierto es que su pintura vibra por valores propios, y su obra no tiene ninguna muleta artística, es libre y es alta.
Crece uno cuando le escucha, y es de esa raza que sabe agradecer: “Me considero un hombre afortunado, porque mi familia me quiere. Casi todo lo que le he pedido a la vida, me lo ha dado”.
–¿Y cuando no está pintando?
“Siento que estoy perdiendo el tiempo…”
–¿Se ha pintado usted, ha pintado sobre su condición de minusválido?
“Sí, pero me he pintado en close up, algún retrato. No pinto sobre las desgracias, no me sale; ni sobre mi condición de inválido. Yo siempre pongo por delante la esperanza”.